No es una novedad hablar de la amplia difusión de la tan mentada Web 2.0. Los weblogs, fotologs y comunidades como
Facebook,
Sónico y
Linkedin han tomado el ciberespacio. Adolescentes y jóvenes encuentran en red un punto de reunión y la imagen es lo que atraviesa los contenidos y sus relaciones. No solo a partir de las mismas se generan relaciones en la red sino que también son la carta de presentación de una identidad online, no siempre coincidente con la identidad real.
Según el blogger
Leandro Zanoni: “(…) cada día en la Argentina se abren nuevos blogs personales.
MySpace, la red social más popular del mundo, posee una comunidad de 220 millones de usuarios. Facebook, otra red famosa, tiene 75 millones de personas registradas y cada día recibe 500 mil nuevas” (1) . El crecimiento virulento de estas herramientas parece no tener techo, por lo menos, en el corto plazo.
La esfera privada, el ámbito más personal, se transforma en material de archivo público. La publicación de la intimidad, la imagen como reafirmación de un yo social y las relaciones virtuales se masifican dejando de lado la categorización de “fenómeno”. El grupo de pertenencia se comunica por estas vías y la interacción cara a cara se ve transformada a partir de lo que sucede en la red.
Esta manera de comunicarnos, de interrelacionarnos, forma parte de nuestras formas de vida, transformadas en
"formas tecnológicas de vida", por las cuales comprendemos el mundo por medio de sistemas tecnológicos.
Nos encontramos atravesados cotidianamente por la sociedad de la información que creamos y recreamos a cada momento.
Scott Lash, en su obra
"Crítica de la información", analiza estas formas de vida y aclara que no nos fusionamos con los sistemas tecnológicos, pero que enfrentamos nuestro medio ambiente en interfaz con ellos. Es de esta manera que las formas tecnológicas de vida se transforman en formas a distancia, siendo así cultura y naturaleza a distancia.
Una de las características fundamentales de estas formas tecnológicas de vida es la no linealidad. Lash afirma: "Las formas tecnológicas de vida están realmente extendidas, Son demasiado largas y se extienden en exceso para la linealidad. Tan expandidas que se hacen pedazos. El vínculo espacial y el lazo social se rompen. Luego se reconstituyen como enlaces de redes no lineales y discontinuas. La cultura tecnológica es una sociedad red"(2).
Facebook, junto con otras comunidades en red, se basa en el intercambio de información y de aplicaciones entre usuarios que se van aceptando entre sí, con la categorización de “amigos” (claro está, aunque jamás se hayan visto las caras). Otro espacio que crece a pasos agigantados y donde es posible conocer muchos datos de aquellos usuarios que no aprovechen todas las opciones de seguridad. La
vida conectada a la fibra óptica, donde los espacios de soledad o de intimidad se achican hasta transformarse en casi nulos.
Las
redes sociales en línea permiten reconstruir o mantener, en el mundo virtual, los vínculos que alguna vez se establecieron en el mundo físico. Es así que se utiliza las redes sociales para contactarse con viejos compañeros de la escuela, antiguos amores, conocidos en algún viaje y amigos distantes. Relaciones sustentadas por mensajes concisos en los perfiles y regalos virtuales, que van desde mates a imágenes del actor Capusotto y sus personajes. Toda una reconfiguración de las relaciones a partir de la pantalla del ordenador.
Una de las aplicaciones de mayor crecimiento en Facebook es la de Six Degrees, basada en la
teoría de los seis grados de separación entre una persona y cualquier otra.
Esta teoría demostró en los años '60 que en poco menos de seis pasos se podía conectar a dos personas, aunque estas fuesen absolutamente desconocidas entre si. Muchos grupos de esta red social buscan comprobar esta teoría, y a medida que crece la cantidad de nodos en dicho espacio, es cada vez más frecuente la posibilidad de encontrar puntos de conexión. (Sin embargo, esta red, como casi la mayoría de las mismas, y de la Internet en general, es de acceso para un porcentaje de personas que obviamente no llega aún a ser muestra de un comportamiento global)
Hasta tal punto es relevante la dimensión que han cobrado las redes sociales en Internet, que bien puede afirmarse que la llamada
Web 2.0 o Web Social, es precisamente la reconversión de buena parte de las nuevas y viejas aplicaciones de Internet en redes sociales: todo sitio que se precie hoy contiene componentes de red social e interactúa con las redes sociales existentes(3). El comportamiento de las publicidades y del crecimiento geométrico de las mismas y de las diferentes aplicaciones que se transforman para pertenecer al área de influencia de dichas redes es prueba de ello.
La aparición de la Web 2.0, como un espacio dinámico, donde el usuario es el que genera los contenidos, coincide temporalmente con la difusión de adelantos técnicos como reproductores de
formatos musicales en Mp3, reproductores de dvd y celulares con cámaras digitales incorporadas. La multimedia comienza así a formar parte habitual en nuestras vidas. Crear contenidos y subirlos a la Web, por medio de páginas de uso sencillo e intuitivo (
You Tube,
Podcasting,
Blogger, etc.) se transforma así en una nueva vía de comunicación. El tratamiento de estos espacios como medios de comunicación ya forma parte de otro debate, mucho más extenso que el que nos incumbe en esta oportunidad.
Marshall Mc Luhan ya había analizado, en los nacientes años ochenta, la explosión de las tecnologías mecánicas, por las cuales estendemos nuestro cuerpo en el espacio. Según su análisis el hombre se está "acercando rápidamente a la fase final de las extensiones del hombre: la simulación tecnológica de la conciencia, por la cual los procesos creativos del conocimiento se extenderán, colectiva y corporativamente, al conjunto de la sociedad humana, de un modo muy parecido a como ya hemos extendido nuestros sentidos y nervios con los diversos medios de comunicación"(4). Esto es solo una inferencia, pero el tiempo demostrará en que punto de las certezas se encontraba parado el viejo Marshall...
La imagen, el avatar, los secretos íntimos o la simple cotidianeidad se encuentran caminando sobre el delgado hilo que separa la vida offline de la online. Cada día más hiperconectados, envueltos en redes de contactos, con relaciones cada vez más virtuales. El ritmo de gacela de las nuevas tecnologías ha facilitado nuestras vidas y las comunicaciones, generado historias que de otra manera no se hubiesen dado, acercado seres humanos que jamás se hubiesen cruzado. Pero… ¿Hasta dónde nos exhibiremos?... ¿Qué precio le ponemos a nuestra intimidad, a nuestro ser más interno, el cual se destripa a cada hora en la Web?